«Con piña, por favor»

Con piña, siempre con piña. Y no me refiero a la pizza, me refiero a la vida. 

En el colegio este año hemos empezado una asignatura nueva que se llama “Fem pinya”. La idea es trabajar todo lo que tiene que ver con la convivencia, desde la comparativa del mundo “casteller”. Estas primeras sesiones estamos hablando de la importancia de que cada grupo de clase sea como una piña. Que esté unido. Un espacio donde cada uno tenga su sitio, al igual que ocurre en cualquier “castell”. Porque yo por mucho que quiera no puedo hacer de “enxaneta”, así como un niño de 6 años no puede estar aguantando un “folre”. Pero todos han de encontrar su espacio, y su lugar dentro de una clase.

En la Diada del primer domingo antes de Santa Tecla, durante la retransmisión, justo un “Cap de pinya” salía hablando a los de su colla y les decía, que tenían que ser fuertes como una piedra, que tenían que encajar bien, porque si quedaba un espacio, por ahí se podía ir el “castell”. 

Ese trocito de vídeo lo he ido pasando por las clases y ha sido la mejor manera de que entendieran la importancia, de estar unidos. Que dejar a alguien fuera del grupo, no acoger al que llega nuevo, reírse de alguien, burlarse, ignorar… son acciones que hacen que se separen y se caiga el “castell”, o lo que es lo mismo… que haya compañeros que lo pasen mal en clase. 

Son muchas las horas que pasan los alumnos en el colegio, y siempre decimos que ha de ser un espacio seguro para ellos, que allí se deben sentir a salvo, pero a veces no es así. Hay niños y niñas que lo pasan mal. Hay conflictos que son inherentes a las personas, pero que no enseñamos a resolver. O que queremos resolverlos rápido para pasar a lo siguiente. Diciendo frases como, “no lo vuelvas a hacer más”… “daros la mano y a seguir”… y ahí no hay aprendizaje, ni hay resolución de lo que ha pasado. Así que hay más posibilidades de que se vuelva a repetir, o que se vaya almacenando dentro y se vaya haciendo la bola más grande. 

Los colegios son como mini mundos, donde se repiten muchas de las situaciones que hay cuando sales de ellos. A veces nos obcecamos con querer que aprendan, dejando fuera de la ecuación, las emociones y las necesidades de los alumnos.

Y un niño que tiene miedo, no puede aprender… Un niño que sabe a las 9 de la mañana que a la hora del patio va a estar solo, no puede aprender… Un niño del que se ríen cuando hace una intervención en clase, no puede aprender… Podría seguir con la lista, pero espero que se entienda. 

Que igual aprender, aprenden, pero no de la manera en que podrían hacerlo, y seguramente no con el potencial del que disponen.

Si conseguimos que se sientan como en una piña, donde entre todos se miren y se vean, donde no se quede nadie fuera, donde cada uno sepa que tiene su sitio, y tal como decía el “Cap de pinya”: si algo no encaja paramos, porque si queda un agujero, por allí se nos va el “castell”.

Porque en la vida, tener un sitio y pertenecer, es una de las necesidades primordiales. Conseguir que cada niño se sienta parte de una piña es saber que no estás solo, que hay un grupo que te sostiene, y que tú los sostienes también. 

A mí la pizza me encanta con mucho queso y la vida con mucha piña, por favor. Ojalá tú también le pongas piña a tu vida.

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2 respuestas a ««Con piña, por favor»»

  1. Tere Font Borràs

    👏🏻👏🏻👏🏻 que bonic l’escrit!!!!

    Mencantaaaaaaa la relació amb els castells!!!!!!
    Tan de bo ho aconseguim, difícil però no impossible.

    Gràcies 😘 😘 😘 😘

    1. Esther Neila

      Mil gracias Tere!!! Yo estoy convencida que entre todos lo conseguiremos. Gracias a ti siempre!!!

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