El jueves por la noche y después de comprar las entradas hace meses el mismo día en que se ponían a la venta, fui con mi sobrino al concierto de Mark Knopfler. Y allí a sus casi 70 años anunció que esta sería su última gira.
Y en la música así como con el deporte, hay emociones, muchas y muy diferentes, pero emociones. Y de repente me encontraba allí oyendo canciones y unos acordes de guitarra que me recordaban a hace muchos años cuando descubrí Dire Straits junto a mi hermano. Canciones que marcan una época de mi vida, y que ahora con las guitarras de mis sobrinos puedo volver a vivir de una manera diferente. Porque yo no soy la misma…pero mi esencia creo que sí.
Y en eso estaba yo en el Palau Sant Jordi, repleto hasta arriba, con los pelos de punta porque empezaba a sonar “Romeo and Juliet”, y pensando cómo ese hombre cantaba y hacía sonar la guitarra como hacía tiempo atrás. Porque él sigue teniendo su esencia.
Y me dio por pensar en la época en que escuchaba Dire Straits, que coincide con la época en la que veía partidos por la tele, los pocos que daban de liga Acb. Y la manera de jugar, y que además del talento que podían tener los jugadores, contaban con la sencillez del juego, el saber que el objetivo era anotar canasta de la manera más fácil posible y por supuesto que no te la anotaran a ti. Y había alguien que cogía el rebote, y luego otro al que se la pasaban y claro está, el palomero que ya estaba en la otra punta para recibir el balón y entrar a canasta.
Y estos días he ido pensando, también por conversaciones que han ido surgiendo, en la manera en que el baloncesto ha ido evolucionando, y que es imposible obviar. Las capacidades físicas han entrado fuerte y los cuerpos han cambiado, así como la manera de trabajar dentro de este deporte. Y donde antes se enseñaban cuatro cambios de mano, por delante, por detrás, el reverso y el de debajo de las piernas que sólo utilizaban y practicaban los más habilidosos, ahora nos encontramos cada vez con más cambios diferentes, situaciones de técnica individual que parece el “más difícil todavía”, y por consiguiente entrenadores satisfechos de ver a sus jugadores haciendo mil filigranas aunque no sepan ni para qué sirven ni en qué momento utilizarlas.
Y ahí es donde creo que debería entrar la coherencia de los que tienen la suerte de enseñar este maravilloso deporte.
Porque cada acción técnica que se enseña, debería ir acompañada, primero de la comprensión de saber en qué momento están los jugadores y si la van a poder realizar o no, y por supuesto, que entiendan en qué situación es oportuno hacerlo y para que les va a servir. Aprender a hacer malabares con el balón sólo por hacerlo, nos acerca al baloncesto espectacular de los Harlem Globetrotters, pero ni mucho menos nos lleva a la esencia de este deporte, ni a que los jugadores tengan claro qué es lo que deben hacer.
Y crear perfiles de jugadores muy habilidosos con el balón, pero que luego son incapaces muchas veces, en primer lugar de utilizar esa capacidad para ir hacia canasta, o para poder llevarse a la defensa y saber doblar el balón, y en segundo lugar en muchas ocasiones se olvidan de la importancia de defender.
Y lejos de darles herramientas en esa situación lo que hacemos es lastrarles en su evolución como jugadores, porque creedme, la decepción y angustia que siente un jugador habilidoso con el balón pero incapaz de superar a su defensor, es enorme.
Si a eso sumamos la poca importancia que se da a veces a la defensa, nos puede llevar a entrenar jugadores capaces y resolutivos sólo en una de las dos partes que forman el baloncesto. Con la frustración que eso comporta.
En mis años de experiencia y…son muchos, os podría contar con los dedos de una mano y me sobraría más de uno, los equipos que he visto sobrevivir a costa de su ataque.
Se debería trabajar la defensa con la misma intensidad y énfasis que el ataque, y dar recursos a los jugadores para que puedan conseguirlo. Espero que cada vez haya menos entrenadores que se dejen llevar por la vistosidad de movimientos que no llevan a ninguna parte, bueno tal vez a formar parte de highlights en una red social, y que en cambio apuesten por enseñar situaciones que a la par que vistosas sean útiles para el equipo, y que no olviden la defensa, y la vital importancia que tiene.
Espero que se recuerde y se mantenga la esencia del baloncesto, dos equipos que intentan por un lado anotar y por otro que no se lo hagan a ellos.
Ojalá encontráramos la sencillez dentro de la espectacularidad, igual que los acordes de Mark Knopfler la encuentran dentro de sus canciones.
