Cada fin de semana tengo la suerte de poder ver unos cuantos partidos, y normalmente hay un denominador común en ellos. Tanto si veo partidos de pequeños como de categorías más grandes, desde la grada se puede oír a veces un UYYYYY! tras un tiro a canasta fallado.
En ese momento se obvia todo lo que ha sucedido antes para poder llegar a hacerse ese tiro. Seguramente ha habido algún pase, algún drible o cambio de mano para poder sortear al defensa, algún jugador al que igual le cuesta pasar la pelota y que en esa jugada lo ha hecho, un jugador que tal vez tiene miedo a tirar a canasta y ha lanzado, un trabajo que ha habido en los entrenos y que desconocemos desde la grada, pero que se ha intentado en el partido, o quizá el tiro ha sido fruto de algo que ha pedido el entrenador aunque no se entienda desde fuera.
Cuando tras un tiro fallado se oye un UYY! es una exclamación para el fallo de la canasta pero, yo me pregunto, ¿y todo lo de antes?, ¿no se merece un VAMOS! esa acción?.
Tanto si estamos pendientes del resultado en categorías altas, como si estamos ante deporte de formación, lo que realmente importa, es todo lo que ha ocurrido antes de ese tiro a canasta. Porque en los entrenos es donde se hace el trabajo que luego se intenta poner en práctica en los partidos, teniendo en cuenta que en el entreno no hay presión alguna, ni de marcador, ni desde la grada, y que además si algo no sale como se quiere se puede parar y volver a empezar.
En un partido, son emociones constantes, tiovivo que sube y baja, de correr y parar, de defender y atacar, de atacar y volver a atacar, o de defender y volver a defender, y así jugada tras jugada.
Hay jugadores que consiguen abstraerse de la grada en los partidos, hay algunos que no, y sobre todo los más pequeños a veces se encuentran con los aficionados justo a pie de pista y aunque no quieran oyen lo que pasa. Creo que sería mejor oír palabras de ánimo más que de lamento. Tal vez sea símil a ver el vaso medio lleno o medio vacío.
En el sistema educativo cada vez se intenta ir más en la línea de valorar el esfuerzo, es lástima que en el deporte siendo algo no obligatorio a veces nos olvidemos de ello.
Hay partidos en que los aplausos sólo se oyen tras las canastas acertadas, y las palabras de ánimo también. A veces es más, vemos esto desde los banquillos, donde hay jugadores que se levantan a animar tras una canasta anotada, y no así, tras un balón luchado en el suelo, un mal pase pero que estaba bien visto, o una defensa de la que cierra huecos una y otra vez.
Tuve la suerte de compartir banquillo con un entrenador que tras la canasta rival, aunque fuera un triple en el último segundo de posesión de esos que te dejan tocado, no daba tiempo a nada. Mientras la pelota resbalaba por la red ya estaba en pie diciendo. “¡Saca, saca, seguimos venga!”
No daba tiempo al lamento, ni a los jugadores pero lo más importante ni a él mismo.
Uno de los aspectos que sale a veces que hago algún trabajo con padres, es como se sienten ellos ante los fallos de los hijos. Si aceptáramos los errores de verdad como parte del aprendizaje, podríamos disfrutar más en los partidos.
Desde la grada los jugadores deberían encontrar un punto de apoyo, no alguien que les juzgue por lo que ellos hacen en la pista.
Y mi pregunta es… ¿cuál creéis que es el mejor apoyo para un niño?
Mi respuesta es, los padres, sin ninguna duda.
