Hace poco una mañana que iba a hacerme análisis, aparqué a eso de las 8h pasadas, y mientras me acercaba hacia el hospital, me iba cruzando con personas que caminaban en sentido contrario. Gente buscando aparcamiento, y gente que dejaba huecos porque ya habían terminado su faena allí. Y lo que veía eran caras cansadas. Algunas de esas personas seguro que habían estado trabajando durante la noche, otras tal vez cuidando a alguna persona enferma.
Reconocía las caras, porque cerca tengo gente que han estado haciendo turnos de noche en diferentes vertientes, pero hay un mismo denominador común.
Viven al revés de la mayoría, y hay momentos en los que sienten que su vida va a contracorriente.
Y mientras esperaba mi turno pensaba, no sólo en la gente que en los hospitales durante la noche está en danza para que quien lo necesite esté atendido, o los que duermen horas y horas en un sillón, para poder ser los primeros en cuidar a alguien a quien deben querer tanto como para dejar el descanso en su cómoda cama, y estar ahí para ser los primeros en agarrar esa mano. Pensaba también en las fábricas, los que se encargan de la limpieza, panaderías, cafeterías, gasolineras, áreas de servicio, hoteles, cuerpos de seguridad, taxistas, y todos los que trabajan en el mundo del transporte, sea con personas o con mercancías, y así sea por tierra mar o aire. Y estoy segura que me dejo a alguien.
Al final hay una mayoría de personas que nos movemos en los horarios que entendemos por normales, los de día, los que se mueven del desayuno hasta la cena…pero no deberíamos olvidar los que empiezan a trabajar después de la cena, o los que duermen pocas horas para aún con la luna alta ir a su lugar de trabajo para que cuando nos suene el despertador y nos levantemos, sea lo que sea que necesitamos allí esté.
Hay veces que a gente que madruga le dicen, «¡pero si las calles aún no están puestas!». Pero sí, claro que lo están, de hecho las calles no se quitan nunca, porque en cualquier momento aunque tú estés durmiendo, hay personas que las necesitan para llegar a su lugar de trabajo, para que cuando tú te levantes todo siga rodando en la rueda que conocemos.
Trabajar de noche supone tener las energías al revés del resto, que cuando tú te levantas y estás empezando a calentar motores, te encuentras con otro que va como una moto, o súper cansado porque ya lleva horas dando de sí. Y cuando hay parejas o niños de por medio, aún es más difícil poder conciliar todo.
Yo que tengo un horario de los de día… me gustaría poder dedicar estas líneas a todas las personas, que cuando una luna como la de la foto está tan presente y yo la puedo ver desde el balcón, o incluso desde la cama, ellos igual ni se pueden detener a observarla porque están absortos al 100% en sus trabajos.
Y quiero acabar con una mención especial a todos los que se pasan las noches en vela, cuidando, en hospitales y también en hogares, y recordarles que para cuidar a otros primero ha de cuidarse uno mismo.
Ahora pienso en cuando me operaron, abrir los ojos por la noche y ver en el sillón durmiendo a alguien a quien quieres, que está ahí por ti, creerme eso tiene tanta fuerza como los medicamentos que entran por el gotero. ¿Sabéis por qué? seguro que lo habéis adivinado…porque ellos están cuidando a tu corazón.

6 respuestas a «La noche.»
Doncs sí , hi són…sort de tenir-los. Gracias Esther!
Pues sí Neus.. a veces cuesta darse cuenta de lo que no se ve. Gracias por comentar…de verdad. Un abrazo!
Entiendo perfectamente de lo que hablas. Gracias por tus palabras.
Gracias a ti por leerlo, por sentir y por comentarlo. Un abrazo grande Cristina.
M’has fet emocionar🥺
He recordat i et tinc molt present, quan et van operar. Que bonic tenir al teu costat les persones que t’estimen o t’estimem.
És cert que els que hem cuidat o cuidem de nit ho fem per amor. Cuidem el cor dels qui estimem❤️
Com sempre👏🏼👏🏼👏🏼👏🏼
Gràcies 🦋
Tú también lo has hecho muchas veces Tere…bueno y de alguna manera lo sigues haciendo.
Una vez más mil gracias por tus palabras. Feliz día!