Empieza la función.

Parece que llega octubre, y con él las rutinas ya en serio, después de unos días de adaptación a tantas y tantas situaciones diferentes.

Trabajé muchos cursos en la clase de 3 años, cuando prácticamente ninguno venía de “guardería”, y los primeros días eran la clave para lo que vendría después, la manera como cogías un niño en brazos que no consentía en separarse de la madre, madres y padres que marchaban con cargo de conciencia al dejar a los niños llorando, incluso abuelos que lo pasaban fatal con esta situación.

Hoy en día cada vez se tiene más en cuenta los procesos de adaptación de los pequeños en la escuela. En muchos sitios van primero con los padres un rato corto, y en breve ya están ellos solos en la clase todo el horario completo. A partir de ahí cada niño necesita su período de adaptación, que, como todo en la vida, no llega para todos a la vez. Cada uno viene con su mochila, y no me refiero a la del desayuno y la agenda, sino a la que llevan con lo vivido…sean meses o años. A veces se cae en el error de pretender que todos los niños lleguen al mismo punto en el mismo momento, y eso no funciona así.

Y yo me pregunto, ¿somos conscientes de todas las adaptaciones que hacemos y tendremos que hacer a lo largo de nuestra vida?

En el colegio, cada vez que cambiamos de curso, o entra un profesor nuevo a la clase, los cambios de etapa, si hay cambio de centro de estudios, a las diferentes maneras de enseñar, a los lugares de trabajo, a los cambios de compañeros o de cargos entre los que trabajamos juntos, a que siga haciendo casi 30 grados en el mes de octubre, cambio de entrenador, de equipo, o incluso a veces de club, cambio de rol dentro del equipo, adaptación a épocas en las que llegan victorias, a los tiempos en que son las derrotas las que mandan, a jugar en pabellones llenos de gente, a quedarte a comer en el colegio, a nuevas rutinas o hábitos en función de la salud, a medicación constante que igual te toca tomar, a buscar tiendas donde vendan sin gluten, a no dormir por las noches porque ahora en casa hay uno más, cuando dejas de vivir sólo para compartir la casa con alguien, cuando vives solo por primera vez, cuando falta alguien…

Y podría enumerar una lista que llegaría a ser infinita, porque las personas somos muchas y de todas las condiciones, y con nuestras emociones ahí a cuestas siempre…

Para mí lo importante es…tener claro que en la vida vivimos constantes situaciones que necesitan una adaptación por nuestra parte, pero que muchas variables que girarán en torno a esa situación no dependerán de nosotros, en cambio la actitud con que lo afrontemos sí que está a nuestro cargo, y es nuestra responsabilidad.

Deberíamos ser más amables con nosotros mismos, y aceptar las dificultades que puedan surgir cuando estamos intentando adaptarnos a una situación concreta. A partir de ahí, respirar, tener claro lo que sí depende de nosotros, y ¿ya sabéis lo que sigue verdad? pues eso es…sonríe y palante que empieza la función.

¿Me lees?

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2 respuestas a «Empieza la función.»

  1. María José Recio Aznar

    Todo todo todo, absolutamente todo lo comparto contigo, eres la mejor.

    Un beso enorme, María jose

    1. Esther Neila

      Que bien que te guste lo que escribo!!! …la mejor? Jajajajaja. Mil gracias y un abrazo enorme.