Besos para llevar.

Ese día Lúa se despertó extraña, llevaba ya varios días con ganas de ver a sus compañeros de clase y también a su maestra. Hacía días que se despertaba a media noche, y algún día hasta había ido a la cama de sus padres porque tenía miedo.

Ella aunque se consideraba mayor porque tenía 4 años, no entendía muy bien cómo funcionaba el tiempo, pero creía que llevaba muchos días en su casa sin poder ir al colegio. Ahora por lo menos podía salir a pasear y a jugar fuera, pero era un poco rollo porque sus padres estaban todo el rato diciéndole:

-¡Cuidado con lo que tocas! ¡Ven aquí a lavarte las manos! ¡El gel! ¡Frótate bien!

Eso le daba un poco de miedo, porque no entendía, si podía salir ¿por qué no podía tocar cosas? Aunque lo peor era… no poder abrazar a sus abuelos, ni a sus tíos ni primos, y tampoco a los niños de su clase que a veces se encontraba en la calle.

Pero entonces se acordaba de ese día, que en casa y en el colegio les habían explicado que había algo muy pequeñito, como unas mini bolitas con patas que no se podían ver, pero que hacían que la gente que las cogía se pusiera enferma, y que para que no fueran saltando las bolitas de unos a otros, lo mejor era no salir de casa.

Al principio le había preocupado que su madre en el supermercado donde trabajaba, pudiera tener esas bolitas. Luego pensó en eso tan pequeño, como algo mágico que brillaba, y creía que a su madre no le pasaría nada. Su padre a ratos estaba con ella en casa, pero también tenía que salir a veces a trabajar. En la tele decían “Quédate en casa”, pero es que sus padres no podían. También oyó un día a su madre hablar por teléfono, el papá de Hugo se había quedado sin trabajo. En su casa estaban muy tristes.

Ya hacía días de todo eso, la verdad es que no sabía cuántos, pero a ella le parecían un montón.

Hace unos días estaba Lúa jugando en su habitación y se fijó en la mochila del cole, la cogió y sacó la agenda. Le daba pena porque había muchas hojas en las que no había nada escrito, ninguna donde ponía, mañana no hay que traer desayuno que es el cumpleaños de… y ahí escribían el nombre del niño de la clase que lo celebraba.

Se puso un poco triste al pensar en sus amigos, a los que sólo había visto a través del ordenador, aunque a Hugo, no le había visto ningún día. No entendía porque los días que se veían con la clase, él no se conectaba con sus padres. ¿Y si él tenía las bolitas?

Entonces fue y le preguntó a su madre:

-Mama ¿por qué Hugo no está ningún día cuando vemos a Vega por el ordenador?

(Vega era su profesora, y ¿sabéis qué? Ella les decía siempre que era un hada. Lúa estaba muy orgullosa de tener una profesora que fuera mágica.)

Y su madre le contestó:

-Cariño porque… ellos no tienen ordenador. Y sus papás no lo están pasando muy bien estos días. Pero si quieres les llamaremos por teléfono para que puedas hablar con él.

-¡Mama me encantaría! Eso respondió Lúa y estaba tan feliz de poder hablar con Hugo.

Pasaron unos días y Lúa estaba pintando en su habitación un dibujo para cuando pudiera volver al colegio. Estaba toda la hoja llena de corazones, le había enseñado su padre que pintaba súper bien. Pintaba paredes y casas enteras, y a ella… le había enseñado a pintar corazones. Como en estos días había practicado mucho ahora le quedaban súper bien.

Estaba a punto de poner purpurina en los corazones para que brillaran y fueran mágicos cuando oyó a su madre que llegaba del súper y la llamaba: ¡Lúa mira quien ha venido a verte!

Era Hugo con su madre. Lúa se puso muy feliz y fue corriendo, pero cuando llegó delante de Hugo se acordó… no podía tocarle. Él también estaba pensando lo mismo. Así que se saludaron y pensaron inventarse alguna manera de abrazarse sin tocarse.

Mientras tanto las dos madres hablaban y se tomaban un café.

Lúa pensaba que era raro que estuvieran en su casa, pero le habían explicado sus padres que ahora aunque no se pudieran abrazar ni tocar, podían estar juntas hasta 10 personas. Ella estaba tranquila porque sólo eran 4.

Así que Lúa y Hugo, pensaron que se podían abrazar de una manera muy divertida, lo que tenían que hacer era cerrar los ojos y pensar que estaban abrazando por ejemplo… a su abuela, y aún con los ojos cerrados pensar la cara que estaría poniendo su abuela con ese abrazo.

Y así fueron haciendo los dos, pensaban a quien querrían abrazar, cerraban los ojos y sentían como si estuvieran allí.

No sabían que les estaba pasando pero se notaban más tranquilos, y contentos.

Entonces pensaron que podían probar una cosa. Lúa le dijo a Hugo: Mírame a los ojos a ver si sabes que digo sin hablar. Y Hugo dijo: Algo bonito porque sonríes. Y Lúa le respondió: ¡Ale lo has adivinado! Estaba pensando, ¡qué suerte que Hugo está aquí!

Así que empezaron a practicar el pensar cosas y no decirlas hablando, y lo adivinaban por la cara que ponían al pensar.

Llegó la hora de irse, pero antes de marcharse Hugo le dijo a Lúa: ¿Sabes que mi padre ya tiene trabajo? Me han dicho que la semana que viene, volveré al colegio con Vega, pero que no podré ni tocar a los otros niños, ni jugar con juguetes, y tampoco podré abrazar a Vega con las ganas que tengo de que me “pachurre”.

Y Lúa le respondió: ¿Y qué pasa con los besos? ¿Te imaginas qué los pudiéramos guardar?

A lo que Hugo le dijo: ¡Eso es imposible Lúa!

Y así se quedaron, porque era hora de que Hugo y su madre se fueran para casa.

Pasaron unos días más y Lúa estaba impaciente por saber cómo le había ido a Hugo en la vuelta al colegio, sus padres le habían explicado que sólo podían ir 10 niños, y que era porque  los padres tenían que ir a trabajar y no se podían quedar en casa con ellos.

Ella seguía pensando en los besos, ¿qué pasaba si tenías ganas de dar besos y no podías? ¿A dónde se iban todos esos besos?

¿Sabéis quién sabía muy bien qué hacer con los besos que no podías dar? Sí, Vega lo sabía muy bien. Seguramente era por ser un hada.

Resulta que cuando Hugo volvió al colegio, le parecía todo muy raro. Los profesores iban con mascarilla, los niños estaban separados unos de otros, y ni en el patio se podían juntar. Pero estuvieron haciendo actividades, y cantaban canciones, también bailaban. Y de tanto en tanto… esos ratos que le encantaban, los ratos de “Respirar”. Vega les decía que eran muy importantes.

Y él lo sabía bien, porque el día que su padre se quedó sin trabajo y su madre estaba llorando, él le dijo: mama mira canta el “sa ta na ma” conmigo y respira. Y su madre le había dado las gracias porque se había sentido mucho más tranquila.

Un día Hugo vio que en la clase Vega tenía unos botes de cristal con unos papelitos dentro. Se fijó bien y vio que en cada papel había labios pintados, como si le hubieran dado un beso.

Notó una sensación dentro de su barriga que le hizo sonreír y le preguntó: Vega, ¿qué es eso que guardas en los botecitos?

Y ella le respondió: ahí dentro guardo todos los besos que no os puedo dar estos días. Cada día se me quedan acumulados en la mascarilla porque no pueden salir. Así que cuando os vais y me la quito, dejo caer un beso dentro de cada tarrito. Cuando pasen estos días, os podréis llevar el bote a casa, y así tendréis todos los besos que no os he podido dar.

Hugo no se lo podía creer. Estaba tan feliz, que pidió a su madre llamar por teléfono a Lúa para podérselo explicar.

Cuando se lo decía a Lúa, ella tampoco podía dar crédito. Y fue entonces cuando dijo: ¡Hugo lo que Vega hace es lo que me gusta a mí de las pizzas!

Y Hugo le preguntó: ¿Cómo? No te entiendo nada de nada.

Y Lúa le dijo: sí Hugo, que Vega como es una hada… hace con los besos como los chicos de las motos con las pizzas. Los reparte.

Esa noche Lúa durmió del tirón. No se despertó ni una vez. Sabía que en su casa estaba segura, y que cuando fuera al colegio, también estaría tranquila aunque todo fuera diferente. Tenía la suerte de que su  profesora tuviera…  “besos para llevar”.

 

 

7 respuesta a “Besos para llevar.”

  1. Que bonic i dolç el conte!!!! 💕💕
    Jo també tinc moltes ganes de fer petons i abraçades, tan de bo tot acabi ben aviat i en poguem fer i donar als qui estimem!!!!!!
    Tot i la situació, em moro de ganes de veure els meu petardets. Poder disfrutar de les seves rialles, dels seus ullets, caretes, veuetes, emocions….
    I com sempre 👏👏👏👏A tot el què escrius!!!!!
    Gràcies!!!!!!!

    1. Gracias Tere!!! Yo también con muchas ganas. Cuando les veo en las videoconferencias me pueden las ganas de verles de verdad. Un abrazo enorme y como siempre mil gracias por tus palabras. Un abrazo fuerte

    1. Moltíssimes gràcies!! Ens anirà tan bé la teva energia. Aprenent dia a dia de tot el que ens passa, com a mestres i com a persones. Una abraçada enorme i màgica per a tu.

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